Seguro que alguna vez has visto una de esas fotografías «victorianas»: una persona de pie, la espalda recta, las manos quietas, la mirada fija… y detrás, casi escondida, una pieza de metal. Debajo, siempre la misma frase: «Esta persona está muerta. El soporte la mantenía de pie para la foto». Es una de las leyendas más repetidas de internet sobre la fotografía post mortem. Y tiene un problema: casi nunca es verdad.

En este artículo te cuento la historia real de los retratos post mortem del siglo XIX: por qué existían, cómo se hacían, qué hay de cierto en el mito del soporte y por qué hoy internet está lleno de fotos mal etiquetadas. Y lo hago como fotógrafo, fijándome en algo que casi nadie comenta: la luz y la composición de estas imágenes.

Si prefieres verlo en vídeo, aquí tienes el documental completo:

Documental «Fotografía POST MORTEM: la historia real detrás del mito», en el canal Carlos Castro Fotógrafo.

Aviso: este artículo incluye fotografías históricas reales de personas fallecidas, entre ellas niños. Se muestran con respeto y con fines divulgativos.

¿Qué es la fotografía post mortem?

La fotografía post mortem es el retrato de una persona después de fallecer. Durante buena parte del siglo XIX fue una práctica habitual en Europa y América. Hoy nos parece macabra, pero para muchas familias de la época era la forma de conservar el rostro de alguien a quien quizá nunca habían podido fotografiar en vida.

El mito del soporte: ¿ponían a los muertos de pie?

La imagen que más circula por redes es la de alguien de pie con un soporte de hierro detrás. Según la leyenda, cuando alguien moría su familia llamaba al fotógrafo, y este sujetaba el cuerpo con esos soportes para que pareciera que seguía vivo, de pie junto a sus padres o sus hermanos, como si nada hubiera pasado.

Soporte de pose Brady del siglo XIX junto a retratos de personas vivas, origen del mito de la fotografía post mortem
Soportes de pose «Brady stand» y retratos de la época; abajo, marcado en rojo, dónde estaba el soporte. Wikimedia Commons (dominio público).

La realidad es otra: esas fotos son, casi siempre, retratos de personas vivas. Para entender por qué, hay que volver al origen de la fotografía.

1839: el daguerrotipo y el primer retrato al alcance de todos

En 1839 se presenta en Francia el daguerrotipo, uno de los primeros procesos fotográficos realmente prácticos. La imagen se formaba sobre una placa de cobre recubierta de plata, se revelaba con vapores de mercurio y no había negativo: cada daguerrotipo era único e irrepetible. Si lo girabas bajo la luz, la imagen aparecía y desaparecía, como un fantasma sobre un espejo.

Cámara de daguerrotipo Susse Frères de 1839
Cámara de daguerrotipo Susse Frères, 1839. Liudmila & Nelson, Wikimedia Commons (CC0).

Lo importante no era la magia. Lo importante es que, por primera vez, una familia normal podía hacer algo que antes solo podían pagarse los ricos con un retrato pintado: conservar un rostro.

¿Había que estar media hora quieto?

Seguro que has oído que en el siglo XIX había que estar media hora sin moverse para salir en una foto. No exactamente. En 1839 sí hacían falta minutos, pero en cuestión de pocos años la química y los objetivos mejoraron. En los años 50 del siglo XIX, en un buen estudio y con buena luz, hablamos de entre 3 y 8 segundos.

Parece poco, pero prueba a quedarte 8 segundos sin mover un músculo y sin parpadear. No es tan fácil. Por eso existían los soportes de pose: piezas de hierro que se colocaban detrás del cliente para sujetarle la cabeza o la espalda y que no saliera movido. Coleccionistas y archivos especializados lo tienen claro: se usaban con personas vivas.

Y aquí está la trampa del mito: un soporte así no aguanta el peso de una persona sin vida. Según el coleccionista de daguerrotipos Mike Zohn, pesaban unos 9–11 kg y no tenían contrapeso. Estaban pensados para ayudar a quien ya se sostenía solo.

Por qué existían de verdad las fotos post mortem

Imagina una familia de mediados del siglo XIX. Muere un padre, una madre o, con muchísima frecuencia, un niño. Y esa familia no tiene ninguna foto suya. Ninguna.

Hoy tenemos miles de fotos en el móvil; ellos no podían tener ni una. Por eso, a veces, la fotografía post mortem no era la última imagen de alguien: era la única. Estas fotos nos pueden parecer macabras, pero casi ninguna nació del morbo. Nacieron de la pérdida.

«El último sueño»: cómo se fotografiaba a los difuntos

Hay una forma de fotografiarlos que se repite una y otra vez: los ojos cerrados, una cama, una almohada, flores… como si simplemente estuvieran dormidos. Los historiadores lo llaman «el último sueño»: la idea era sustituir la imagen de la muerte por una imagen de paz. Bebés y niños son una parte enorme de esos retratos, casi siempre en una cama, en un sofá o en brazos de su madre.

La fotografía de Le Blondel, vista con ojo de fotógrafo

Daguerrotipo post mortem de Alphonse Le Blondel hacia 1850: un padre junto a su hijo fallecido
Alphonse Le Blondel, [Postmortem], Francia, ca. 1850. The Metropolitan Museum of Art (Open Access, dominio público).

Esta imagen se hizo en Francia alrededor de 1850. Un padre sentado junto a una cama y, sobre ella, su hijo fallecido. No es una recreación ni un fotograma de una película de terror: es una fotografía familiar hecha para ser recordada.

Como fotógrafo, lo que más me llama la atención es que aquí no se está documentando, se está construyendo una imagen. El niño está sobre telas blancas y la luz cae sobre él, separándolo del resto de la habitación. El padre casi desaparece en la sombra. La luz, el contraste e incluso la posición del padre cuentan una historia. Y hay un detalle más: Le Blondel firmó la placa, algo que sugiere que para él aquella imagen era especial.

Hace casi 200 años, un fotógrafo ya usaba la herramienta más poderosa que tenemos, la luz, para provocar una emoción. Las mismas decisiones que seguimos tomando hoy: la posición, la luz, el encuadre y los objetos.

Retrato del siglo XIX de un hombre vivo junto a un hombre fallecido, de Louis Dodero
Louis Dodero, [Portrait of Living Man beside Dead Man], ca. 1850. The Metropolitan Museum of Art (dominio público).

Ambrotipo, ferrotipo y carte de visite: la foto se populariza

En las décadas siguientes la fotografía cambia muy deprisa. En 1854 llega el ambrotipo, sobre cristal. Poco después, el ferrotipo, sobre una fina lámina de hierro. Y la carte de visite: pequeñas copias en papel que se podían hacer por docenas y que, desde 1859, se coleccionaban en álbumes.

Ferrotipo del siglo XIX de un cantero con un niño
[Stonecutter with Child], ferrotipo, años 1860–70. The Metropolitan Museum of Art (dominio público).

La fotografía es cada vez más barata y está cada vez más cerca de cualquier familia. Con ello, la fotografía post mortem deja de ser algo excepcional.

Ojos pintados sobre párpados cerrados

En esta época aparece algo que a mí, como fotógrafo, me dejó bastante tocado: el retoque. En algunas fotografías se pintaban ojos abiertos sobre los párpados cerrados para que la persona pareciera despierta. Hoy discutimos si está bien quitar una arruga en Photoshop. Ellos pintaban una mirada.

Los «angelitos»: la fotografía post mortem en España y México

Esta historia no es solo de Francia o de Estados Unidos. En España y en buena parte de Latinoamérica, sobre todo en México, existió una tradición muy especial: los angelitos. Niños fallecidos vestidos de blanco, con coronas de flores y, a veces, con alas.

Retrato post mortem de un angelito: niña rodeada de flores, México hacia 1910
Roberto Lomana, retrato de «angelito», ca. 1910. Museo Soumaya, México (Wikimedia Commons, dominio público).

Según la creencia popular, un niño bautizado que moría tan pequeño iba directamente al cielo. Por eso, en algunos lugares, aquellos retratos no se veían solo como una despedida, sino como la imagen de alguien que se había convertido en un ángel. Las campanas tocaban a fiesta y hasta el pésame cambiaba: en lugar de «te acompaño en el sentimiento», se decía «en la gloria lo veamos».

¿Por qué hay tantas fotos post mortem falsas en internet?

Si los soportes eran para gente viva, ¿por qué hay tantas fotos etiquetadas como «cadáver victoriano»? Hay tres razones principales.

1. La rigidez de los retratos

Posturas tiesas, caras serias, miradas perdidas. Era lo normal en un retrato de la época, pero hoy lo leemos como algo siniestro.

2. La «madre oculta»

Fotografía de madre oculta (hidden mother): bebé con su madre escondida bajo una tela
Retrato con «madre oculta», 1880–1910. Rijksmuseum (dominio público).

Un bebé en primer plano y, detrás, una figura cubierta por una tela. Parece una escena de terror, pero es la madre, tapada para sujetar al bebé sin salir en la foto. Se conoce como madre oculta (hidden mother), y el bebé está perfectamente vivo.

3. Internet

Alguien sube una foto antigua y le pone un título inquietante. Otro la comparte, otro escribe un artículo… y en pocos años la leyenda parece historia.

A esto se suma que nuestra relación con la muerte ha cambiado. Antes se moría en casa y se velaba en casa; la muerte estaba dentro de la familia. Hoy la hemos sacado fuera, a los hospitales y a los tanatorios. Y cuando algo nos resulta tan ajeno, es muy fácil convertirlo en una historia de miedo.

1888: llega Kodak y la fotografía post mortem se convierte en tabú

Anuncio de la primera cámara Kodak de 1888
Anuncio de Kodak, 1888. Wikimedia Commons (dominio público).

En 1888 llega la primera Kodak: una caja con película para cien fotos. De repente, cualquiera puede hacer fotos y las familias empiezan a tener imágenes de sus seres queridos en vida: en la playa, en una boda, riéndose. La foto post mortem deja de ser la única oportunidad y, poco a poco, se vuelve algo íntimo. Un tabú.

La fotografía post mortem hoy

No desapareció del todo. Hoy existen fotógrafos que acuden a los hospitales cuando un bebé muere al nacer o poco después. Muchos lo hacen de forma voluntaria, para que esos padres tengan algo que durante siglos tuvieron otras familias: una imagen.

Y, en realidad, todos hacemos algo parecido cuando alguien se va: buscamos sus fotos, volvemos atrás en el móvil, abrimos discos duros viejos… y durante unos segundos esa persona vuelve a estar delante de nosotros. La diferencia es que nosotros podemos tener diez mil fotos de alguien. Aquellas familias, quizá, tenían una.

Si estás pasando por la pérdida de un bebé y necesitas apoyo, en España puedes acudir a Umamanita, una asociación de apoyo en la muerte y el duelo perinatal.

Conclusión: lo que de verdad cuentan estas fotos

Cuando empecé a investigar este tema, pensé que iba a encontrar una historia de fotos macabras. Y sí, hay algo inquietante en muchas de estas imágenes. Pero cuanto más las miras, menos hablan de la muerte y más hablan de los que se quedaron: de alguien que decidió que aquella persona no podía irse sin dejar una imagen.

Quizá eso sea lo más extraordinario que ha hecho siempre la fotografía: detener algo que sabemos que no se puede detener. El tiempo. Las personas desaparecen, las voces desaparecen… pero a veces queda una fotografía.

¿Te ha gustado? Suscríbete al canal

Si te gustan las historias escondidas detrás de una foto, suscríbete a mi canal de YouTube, Carlos Castro Fotógrafo. Allí publico documentales como este, además de vídeos de fotografía, vídeo, tecnología y astronomía.

¿Te quedas con ganas de más? Mira también el documental DJI vs Insta360: la guerra que acabó en los tribunales.

Preguntas frecuentes sobre la fotografía post mortem

¿Es verdad que ponían a los muertos de pie para fotografiarlos?

Casi nunca. Los soportes de pose que aparecen en esas fotos se usaban con personas vivas para que no salieran movidas, y no estaban pensados para aguantar el peso de un cuerpo. Las fotografías post mortem reales solían mostrar al difunto tumbado o en brazos, como si durmiera.

¿Por qué se hacían fotografías post mortem?

Porque muchas familias no tenían ninguna foto de su ser querido en vida. La fotografía post mortem era, a menudo, la única imagen que podrían conservar de esa persona.

¿Cuánto duraba la exposición de un daguerrotipo?

En 1839 hacían falta minutos, pero en pocos años la técnica mejoró. En los años 50 del siglo XIX, en un buen estudio con buena luz, la exposición era de entre 3 y 8 segundos.

¿Qué son los «angelitos»?

Una tradición de España y Latinoamérica, especialmente de México, en la que se fotografiaba a niños fallecidos vestidos de blanco, con flores y a veces con alas, como imagen de un niño que había subido al cielo.

¿Qué es una fotografía de «madre oculta»?

Un retrato infantil del siglo XIX en el que la madre aparece tapada con una tela detrás del niño para sujetarlo sin salir en la foto. A menudo se confunden con fotografías post mortem, pero los niños están vivos.

Fuentes y créditos

  • Mike Zohn, coleccionista de daguerrotipos (Atlas Obscura).
  • Jack Mord, Thanatos Archive (Mental Floss).
  • Carlos Chaparro Contreras: Angelitos al cielo. Muerte, ritual funerario y fotografía en La Mancha (1870–1931).
  • Imágenes: The Metropolitan Museum of Art (Open Access), Rijksmuseum, Museo Soumaya y Wikimedia Commons, todas de dominio público o CC0.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí